¿Continuará?

No se podía reivindicar más, ¿o sí? Pese al mensaje bombeado en las horas previas con la intención de suavizar la gala y no convertirla en un ‘No a los recortes’ la entrega comenzó reivindicativa, aunque el tono crítico fue disminuyendo conforme avanzaba la ceremonia. Sin embargo, no es nada desdeñable el esfuerzo realizado para colar en el guión una buena tanda de puyazos a cargo de Eva Hache, que fueron borrando la sonrisa tensa del ministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert. 

No faltaron las alusiones a la Casa Real, a Urdangarin (“¿Los príncipes no vienen aquí? En cambio, van al balonmano… ¡con el daño que ha hecho el balonmano!”), Bankia, Eurovegas y los recortes en Sanidad y Educación. Eva Hache se hacía esta pregunta “¿Sigue habiendo cines?”. Cada vez menos y con las mismas películas. Sin variedad y sin apenas cabida para filmes que intentan abrir caminos, contar nuevas historias e interpretar el mundo a través de una pantalla.

Del mismo modo, varios de los premiados que pasaron por el escenario hicieron hincapié en la situación porque, como actores, cineastas y comunicadores audiovisuales su trabajo se basa en interpretar la realidad, hacer sentir al público lo que de verdad ocurre y hacerle reaccionar.

El cine es un arte y un lenguaje con el que se aprende. Ayuda a enfrentarse a la vida y a ser críticos con lo que no es justo, como hizo Candela Peña con este hachazo: “En estos tres años ha nacido un hijo de mis entrañas y no sé qué educación pública la espera. En estos tres años ha visto gente sin trabajo que se mata por no tener casas. Esta alegría no me la amarga nadie y os pido trabajo. Tengo un niño que alimentar”.

Enrique González Macho, presidente de la Academia del Cine, reivindicó que “el cine es un derecho de todos los ciudadanos como parte esencial de la vida. También pidió la rectificación del IVA cultural y alertó de que la producción de películas se verá afectada de cara a la próxima edición de los Goya.

Como contrapunto, el humor de Joaquín Reyes, Ernesto Sevilla, Julián López Carlos Areces puso el tono surrealista y ácido en un ‘sketch’ de reivindicaciones absurdas. Una buena réplica a unas política cultura aún más absurda que lo único que consigue es dar un mensaje equívoco al ciudadano de que la cultura es un lujo, igual que la Ciencia, el empleo, la Sanidad y la Educación.

Afrontamos lo imposible mientras quienes gobiernan dicen que somos los malos del cuento. Nosotros, que sobrevivimos por encima de nuestras posibilidades. Menuda película nos han contado… y qué pésimos actores. Su afán de protagonismo es capaz de acabar con la industria del cine en España.

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