La leyenda rota de Mari Paz

 

Sigue siendo una leyenda 66 años después de su muerte, tanto como lo fue en vida. María Paz Gascón Cornago (Zaragoza, 1923 – Madrid, 1946) una artista precoz que desde sus primeros pasos sobre el escenario encandiló al público. Su talento como bailarina, cantante y actriz la situó como una de las estrellas de la época con mayor proyección. Sin embargo, en pleno éxito, con apenas 22 años cumplidos, falleció víctima de septicemia.

Fue contemporánea de figuras de la copla como su amigo Miguel de Molina; compartió escenario con la gran Concha Piquer, Estrellita Castro, la Niña de los Peines o la entonces debutante Lola Flores. Dominaba con maestría la danza clásica y todo tipo de bailes. Siempre se consideró una bailarina apasionada de la danza, aunque cultivó otras disciplinas como el canto, el teatro y el cine. En la pantalla fue pareja artística de Juan de Orduña en el filme ‘Leyenda rota’ (1939), y actuó en un total de cuatro películas.

Sobre las tablas: ‘Muerte de la petenera’, ‘Cabalgata’ o ‘Cancionero’ fueron algunos de sus montajes más celebrados. En Madrid estuvo en cartel más de un mes y en los Teatros Argensola e Iris de Zaragoza fue toda una sensación a comienzos de la década de los 40, como reflejan las crónicas de la época.

Primeros pasos
El padre de Mari Paz tenía un almacén de pianos en la calle Porcel, en Zaragoza. Más tarde puso un salón de baile y allí comenzó su afición por la danza y la música. Al mismo tiempo asistió a clases en varias academias de baile. Tras su imparable éxito en Zaragoza, su fama llegó a las grandes capitales y después a todos los rincones de España.

La niña Mari Paz se presentó en el Teatro Parisiana, (sala que más tarde se llamaría Argensola) el 2 de julio de 1929. Fue en el intermedio, al compás de la Orquesta Nueva York, “tomando parte en los bailables la saladísima bailarina María Paz Gascón, futura y diminuta ‘estrella’ de cuatro años”, como anunciaban los carteles de la época.

Bailaba todas los estilos y con solo 12 años actuó en el Teatro de la Zarzuela de Madrid. Bailaba con maestría al ritmo de piezas de Beethoven, Chopin, Granados o Sarasate con igual destreza que las composiciones de Quintero, León y Quiroga.

El ejemplar del 2 de mayo de 1940 de HERALDO DE ARAGÓN recogía en sus crónicas teatrales: “Mari Paz, casi una niña, no es una promesa. Es realidad de una danzarina excepcional. No solo baila con sentido original del ritmo, sino que anima los bailes prodigiosamente. Es lo mejor que ha salido de hace años hasta ahora, y las ovaciones de sus paisanos, los zaragozanos, rubricaron la marcha triunfal de su arte impuesto a todos los públicos“.

Con solo 22 años ya había hecho numerosas giras por toda la geografía, había actuado en varias ocasiones ante Franco, en recepciones en el Palacio de la Granja y en el Palacio de Oriente. Fue contemporánea de Imperio Argentina, Concha Piquer, Juanita Reina, Estrellita Castro, Lupe Sino, Pastora Soler, Miguel de Molina, Mario Gabarrón, Roberto Rey… A mediados de los 40 su carrera era imparable: iba a hacer las Américas, viajar a Londres, rodar junto a Juan de Orduña ‘La Lola se va los puertos’ (le sustituiría Juanita Reina)… En marzo de 1946, tras varios meses de trabajo sin descanso, Mari Paz contrajo una enfermedad que le provocó una fiebre intensa y tuvo que volver a su casa de Madrid. Al día siguiente falleció, un 12 de marzo.

Fue enterrada en el cementerio de La Almudena, en Madrid, donde se erigió un mausoleo por suscripción popular. El maestro Quintero, Rafael de León, el general Millán Astray, las actrices Lupe Sino, Concha Piquer, Celia Gámez y muchas otras personalidades colaboraron con generosos donativos. Todavía puede visitarse. Su funeral tuvo lugar en la iglesia de Jesús de Medinaceli y su entierro fue multitudinario.

La muerte de Mari Paz supuso una pérdida irreparable que consternó a toda la sociedad española, y en especial a sus compañeros de profesión. Tres meses después de su muerte, Celia Gámez dedicó una función homenaje en el Teatro Calderón de Barcelona a la memoria de Mari Paz, para recaudar fondos destinados al mausoleo de La Almudena.

Memoria viva
Mari Paz Gascón sigue muy presente en los recuerdos de Ramón Gómez Gascón, su sobrino: “Fue una de las primeras artistas que interpretó la canción ‘Las cosas del querer’ que más tarde adquiriría gran popularidad durante los años de posguerra“.

Su sobrino, Ramón, conserva el libro ‘Ballet y baile español’, de Alfonso Puig Claramunt, con la dedicatoria de Miguel de Molina en sus primeras páginas. También guarda unas castañuelas que usaba la artista. “Tocaba los palillos que parecían trigos de pájaro”. “Bailando era única. Recuerdo perfectamente cuando iba a verla actuar, entre bambalinas“.

Ramón recuerda que al poco tiempo de morir su tía Mari Paz, también murieron su abuela y su padre. En menos de tres años tres miembros de la familia habían fallecido. Así que decidieron abandonar Madrid y volver a Zaragoza.

El sobrino de Mari Paz heredó la pasión musical de su tía, y junto a su mujer, Rosario, y su amigo, Fernando Blázquez, formó en la década de los 60 el Trío Mari Paz, un grupo musical al estrilo de Los Tres Sudamericanos que recorrió toda la geografía interpretando los éxitos del momento. “Pero eso sería otro reportaje”, bromea Ramón.

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3 respuestas a La leyenda rota de Mari Paz

  1. Carmen de España dijo:

    El Mausoleo en el Cementerio de La Almudena es muy bonito sobre una lápida una escultura de una bailaora siempre tiene flores, alguna vez yo también deje alguna sin conocerla….

  2. Mercedes Moliní dijo:

    Hoy, estaba en un entierro en el cementerio de la Almudena, y he visto la estatua de una bailarina, nunca había reparado en ella. Me he acercado y leido lo que pone. Nunca había oido hablar de ella: Mary Paz.
    Lo primero que he hecho al llegar a casa en buscar en internet, y que sorpresa. Voy a ver si averiguo algo mas de ella.

  3. Aurelio dijo:

    Tengo 77 años recien cumplidos y recuerdo perfectamente a Mari Paz y sus canciones y la sorpresa y consternación en Madrid, ante su fallecimiento. Fuimos muchos los que acudimos a su bonita tumba en aquellos tristes momentos.

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